sábado, 2 de enero de 2010

Segundo Monólogo

Después de reseñarles la zona geográfica donde nací me sumí en una reflexión sobre que diferencia demarca los límites entre engendrar y ser padre en el contexto exacto de la relación humana. Se puede solo engendrar, se pueden hacer ambas, o ser únicamente padre, me pregunto, que peso emotivo en lo más profundo de nuestro ser tiene en nosotros, productos de carne, huesos y alma, de tal maraña no buscada.

Que tipos de engendramiento afecta sicológicamente a los hijos de forma positiva o negativa, visto binariamente, en el desarrollo de su vida, desde su niñez hasta la edad adulta, marcando el derrotero de su vida hasta la hora de la muerte.

El haber sido engendrado por un violador? El haber sido engendrado por un hábil Casanova que embaucó con melosas promesas de amor a la madre que nos parió? El haber sido engendrado por que a la madre alcohólica que nos parió se le ocurrió participar en una borrachera en la que perdió la conciencia, abrió las piernas a un hombre sin rostro y al mes llega la conciencia del engendro, y ahora?

Mientras me pierdo en en los vastos campos de la incertidumbre sobre la disyuntiva de aumentar los ignominiosos y sempiternos métodos de engendramiento o de escoger alguno de los mencionados y divagar en diversos universos relacionados con el binomio engendrador y engendro.

Empecé a pensar en los diez mandamientos escritos en las tablas de la ley, cuya mención está documentada en el primer libro de la biblia, para quiénes no saben, me refiero al viejo testamento que dicho sea dicho de paso hay que agradecerlo al último emperador pagano Constantino, político de gran visión que de seguro leyó el “Arte de la Guerra” de Tsen Su, pues desde el punto de inspiración que acompaña a los grandes políticos, supo que para perpetuar su nombre y la sobrevivencia de Roma debía existir un solo Dios y para ese tiempo los cristianos eran una fuerza considerable y de mucho en cantidad de creyentes por lo que decretó el cristianismo como única religión y para respaldarla ordenó escribir a los más sabios de su época la biblia. En el caso de Constantino fue bautizado en su lecho de muerte en las postrimerías de su vida.

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